el presente del aura
Tomás Caballero Roldán
La obra benjaminiana es un puzzle heterogéneo y contradictorio, y no sólo debido a su vida inconclusa, llena de proyectos inacabados y truncados demasiado pronto, en un mundo que comenzó a ser demasiado rápido para pensar despacio. La propia concepción del pensamiento benjaminiano es alegórica, iluminista, un mosaico de imágenes y significados al hilo de artistas, literatos, fotógrafos... apoyado en la música, el texto, la técnica... Walter Benjamin pasa de puntillas sobre sus imágenes, y sus imágenes cruzan como relámpagos por su texto. Ambos campos se tocan sin diluirse mientras enriquecen el mundo.
Respecto a la fotografía, Benjamin citó tanto imágenes no artísticas —un retrato de infancia de Kafka—, como desarrolló aspectos del tema que llegarían a ser clásicos.(1) En general, sorteaba el corsé académico y percibía arte no sólo en la alquimia humana del artista, sino también en el guiño que la naturaleza de lo visual dirige a quien sabe captarlo y retenerlo. En la fotografía pervive algo del aura que él mismo dio por perdida, y no necesariamente porque alguien deposite en ella el misterio de su permanencia. El arte tiene oídos, y no sólo aplica humanidad a la obra: la fotografía vive justo en ese espacio intermedio, deja la puerta abierta a los guiños del lector y de la historia: el aura vive en la memoria. Los comentarios fotográficos de Benjamin buscan la frágil relación de los fotógrafos con sus obras. A menudo hemos de imaginarnos a qué se refiere en sus descripciones de Blossfelt, Atget, Sander, Moholy-Nagy, Heartfield, o en qué piensa al celebrar a Daguerre, Niepce, Stelzner... Vemos su critica al esteticismo de Patzch y al arte futurista, pero se hace difícil en la «fotografía a la moda» que «ha hecho objeto de consumo a la lucha contra la miseria».
Hay un posible itinerario de la crítica fotográfica benjaminiana, desde su admisión de la nueva técnica hasta su oposición a la fotografía estetizada y comercial, con el telón de fondo de los cambios en el mundo de la comunicación, el arte y la vida cotidiana de la primera mitad del siglo XX, y la encrucijada de las técnicas de montaje, el constructivismo y el dadaísmo ante las terribles embestidas de la Primera Guerra Mundial y la Guerra Civil española, o el sofisticado capitalismo del segundo tercio del siglo XX. En sus comienzos, Benjamin confiaba en que la ciencia y la tecnología pudieran ampliar el progreso cultural. Con la fotografía, el artista había incorporado...
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Año V
Número 27