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Prometheus

Editorial
Staff
Cartas de Lectores
Las Sobras
Teatro en Buenos Aires

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Somos nosotros

de Osqui Guzmán

Lucía Etchecopare


Tengo un problema con las obras teatrales que se basan en la improvisación: no me gustan, me aburren, y al salir siento que me estafaron. “Somos nosotros”, de Osqui Guzmán, es una obra que tiene como eje argumental y metodológico, precisamente, la improvisación.

Y hacía, mucho, pero mucho tiempo, que no me reía tanto.

El trabajo que realizan Charly Arzulian, Leticia González de Lellis, Eleonora Valdez, Juan Manuel Wolcoff y el mismo Guzmán (más la música en vivo de Tomás Rodríguez) es digno de mención, no tanto por la espontaneidad (muy lograda pero que se puede encontrar en cualquier otro show de características similares), sino por la creatividad, la adaptación y la generosidad para hacer reír al público. Un humor sano y carente de impostaciones artificiales, de esas que tanto abundan en el teatro urbano.

“Somos nosotros” es una obra que se pasa volando, donde los actores se permiten algunos guiños internos y se provocan con todo tipo de chicanas, para generar en el otro una reacción imprevista, que busque una nueva respuesta a una pregunta o reclamo que todavía no había sido formulado.

El director y dramaturgo Enrique Ryma solía decir que improvisar es avenirse a lo que sea. Estos chicos se avienen, y consiguen que los espectadores puedan hacerlo con ellos.

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Saña”, de Carlos Trunsky

Silvina Dayan


Cuentos bailados. Cinco bailarines-actores van guiando al espectador a través de lo que el coreógrafo mismo, Carlos Trunsky, presentó, antes de dar inicio a la función como un viaje. Un viaje por una selva densa y húmeda; urbana, e íntima.

Los intérpretes parecen hablar con su cuerpo, articulando las palabras, los climas, al ritmo de sus extremidades y gestos. Con una técnica de baile depurada (muchos de ellos salieron del Taller del Teatro San Martín) y algunos elementos actorales, llevan el devenir de la narración unas veces más fluida que otras.

Los cuentos tienen una atmósfera enrarecida, sucia, cargada de oscuridad, que pasa del humor al terror y al drama social, haciéndonos sentir esa “saña” que le pone título a esta antología. El coreógrafo se ensaña, con pequeños detalles, en llevar a la luz lo que nos acompaña a diario, pero no queremos ver. Lo que es necesario no ver para seguir avanzando.

Tanto el trabajo de iluminación como la música, compuesta especialmente para la obra, apoyan a los bailarines, creando un clima aberrante que pasa de un segundo al otro de lo celestial al infierno mismo.

Cuentos bailados. Y mucho humor negro. Así se cierra esta trilogía iniciada tres años atrás con “Incandescentes” y “Voraz”.

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Sucio”, de Guillermo Arengo, Carlos Casella, Ana Frenkel, Juan Minujín y Mariano Pensotti.

Ailén Spera


Acerca de tres hombres que lavan su ropa en un lavadero:

Uno describe con total desinhibición una película porno mientras se acerca a otro. Este, incómodo, retrocede lentamente, y apenas si intenta buscar algún tipo de ayuda en el tercer hombre, que duerme, y cuyos movimientos y balbuceos develan el carácter erótico de sus sueños.  

El primer hombre es violento: ha obligado a su mujer a acostarse con su padre siguiendo lo que él considera una lógica completamente racional y masculina. El segundo hombre se retrae, pero en sus intentos por aggiornar las pasiones de sus compañeros es fácilmente vencido por la necesidad de hablar de su particular pasado. Y el tercer hombre sueña, canta, baila y hace el amor con un muñeco de peluche, un cúmulo de pasiones al límite del desborde. 

La obra investiga el peso y los efectos de los mandatos de masculinidad sobre el varón, y la soledad en la que queda recluido. Para ello recurre a un humor ácido, diálogos dinámicos y una puesta en escena multidisciplinaria cargada de energía. El espacio muta constantemente y el flujo temporal es intervenido por la música, las coreografías, los recuerdos y los deseos. Y ante este mundo el público ríe y goza, pero es la sensación de desasosiego y absoluta soledad la que finalmente deja su huella en el espectador.






Año V
Número 27

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