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Editorial
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Cartas de Lectores
Las Sobras
Pedagogía del no oprimido: "Una semana solos"

Roger Alan Koza

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Roland Barthes decía en Mitologías: “El pequeñoburgués es un hombre impotente para imaginar lo otro”. La sentencia bien podría aplicarse a una debilidad ostensible del llamado Nuevo Cine Argentino, en especial a quienes trabajan en esa categoría omniabarcante e imprecisa, al examinarla con delicadeza, llamada ficción.

Puede ser que en el cine documental, esos otros que no lucen como la mayoría de los espectadores que frecuentan la sala de cine (y los realizadores, que también suelen pertenecer a la misma clase), estén presentes como sujetos distintivos de relatos destinados más que a entretener a entrever y representar cómo ciertas prácticas sociales atraviesan el cuerpo social. Aunque películas problemáticas como “Estrellas”, de Federico León, o “Vida en Falcon”, de Jorge Gaggero, por ejemplo, títulos recientes y celebrados por cierto sector de la crítica, demuestran que la ineficacia para imaginar lo otro no es prerrogativa de un género, sino más bien de una generación de cineastas.

Sean documentales o ficciones, el problema es el mismo: ¿cómo filmar y mirar lo inconmensurable de una clase social a la que no se pertenece? ¿Cómo no imponer sobre el objetivo el semblante del otro, travestido en el reflejo y proyección de quién está detrás del dispositivo de registro? A menudo, los otros se parecen al nosotros que produce y consume cine. Por eso, un film como “Luna de Avellaneda”, paradigma de una impericia estructural de nuestro cine, imagina que una niña de una villa del gran Buenos Aires baila al compás de Liszt. La indigencia se estetiza como excentricidad admirable o se la redime como excepción notable.

La segunda película de Celina Murga, “Una semana solos”, constituye una saludable e inteligente anomalía, pues elige pensar la otredad a través de los prejuicios característicos de una clase pero aplicado a la conducta propia de ésta. En vez de visualizar al otro como tal, aquí se lo compone como un fantasma, espectro de otro que habla por un grupo social que se desconoce a si mismo. En efecto, “Una semana solos” es un film que desviste el inconsciente de una clase específica (media y media alta), y en su striptease ideológico materializa una operación fascinante en donde los ricos quedan despojados de su presunta dignidad y se comportan como aquellos que estigmatizan.

La historia es sencilla: unos niños y preadolescentes que viven en un barrio cerrado de las afueras de Buenos Aires, debido a que sus padres salen de viaje, quedan solos por una semana. Una mucama, muy joven y responsable, los cuida, aunque la ausencia de sus progenitores habilita una radicalización de algunas fantasías propias de la edad y otras impropias de su clase.



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Año IV
Número 25

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