por Abimael Ferré (Cuba)
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Descendiente de banqueros (su apellido es más que alusivo), Jules Supervielle (1880-1960) fue un análogo del Conde de Lautrémont: nació en Uruguay y pronto se radicó en Francia, de la que tomó lengua y costumbres, aunque sin terminar de despegar de la querida Sudacalandia. Vivió en la época y el marco exacto en que las nuevas vanguardias hacían su aparición. Y si bien no terminó de encuadrarse en ninguna de ellas, este libro contiene muchos elementos que bien podrían relacionarse con el surrealismo, de quien él siempre renegó.
El eje argumental se inicia cuando un terrateniente decide construir un volcán en el medio de sus tierras en la pampa y, ante el desprecio por parte de los habitantes de la zona y el Estado, se embarca hacia París, donde proyecta reinstalar su pequeño Vesubio. La novela, publicada por primera vez en 1923 (recientemente traducida al español por Damián Tabarovsky), contiene un aire a Alfred Jarry y muchas similitudes con algunas formas de Witold Gombrowicz, avant la letre. Una obra extraña, con mucho humor e interesantes elementos de la literatura del absurdo.
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"El hombre de la pampa", de Jules Supervielle. Interzona, 2007.
En la foto: Abimael Ferré.
Año IV
Número 25
N. Hochman.
"Ius Migrandi"
I. Levhart.
"Introducción a la cultura
japonesa"
L. Cosentino.
"Tránsito por el revés del olvido"
L. Etchecopare.
"Toronto no"
A. Ferré.
"El hombre de la pampa"