Traducción de Emma Rosenzweig
No, no, no vayas al Leteo, ni exprimas
al arraigado acónito en busca de su vino venenoso.
No dejes que tu pálida frente sea besada
por la sombra nocturna, violácea uva de Proserpina.
No te hagas un rosario con los frutos del tejo,
ni permitas que los escarabajos
ni las polillas de la muerte
canten tu Réquiem, Psyche,
ni que el búho nocturno se haga tu socio
en los misterios del dolor.
Pues la sombra a la sombra volverá somnolienta
y ahogará la vigilante angustia de tu espíritu.
Pero cuando la melancolía caiga,
de repente, del cielo, como una nube de llanto
que alimenta las flores de lánguidas corolas
y esconde las colinas con sudarios de abril,
entonces, satisface tu pena con la rosa temprana,
o con el arco iris de una ola, salada y arenosa,
o en la opulencia ronda de gordas peonías.
o si tu amante muestra algún enojo, déjala.
Toma su mano suave y permite que rabie,
y honda, hondamente, bebe de sus ojos sin par.
Con la Belleza habita; la Belleza destinada a morir.
Y la Alegría, cuya mano está siempre en sus labios,
haciendo la señal del adiós.
Con los dolientes placeres de la noche
que se tornan veneno mientras la abeja liba.
¡Ay! Allí, justo en el Templo de las Delicias
reina velada la Melancolía.
Aunque vista por nadie, salvo aquel,
cuya incansable lengua haya sido capaz
de estallar contra su paladar fino
la uva de la alegría.
Su alma habrá probado la tristeza de su poder
y penderá colgada entre sus nublados trofeos.
Año V
Número 28