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Editorial
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Cartas de Lectores
Las Sobras
El voyeurismo cultural

por Nahuel Haupt

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   Desde siempre, el voyeurismo ocupó un lugar privilegiado en los más diversos ámbitos de la vida y la cultura. Pensadores y filósofos (que no es lo mismo, claro), psicólogos y parapsicólogos (a veces sí son lo mismo), historiadores, literatos, políticos, campesinos, cineastas, obreros, niños, jóvenes, maduritos, ancianos. todos pasaron, en algún momento de su vida, por instancias donde el voyeurismo hizo su perversa aparición, desde la teoría pura y dura a la práctica contundente y metamorfoseable.

Bentham especulaba con la posibilidad de ver todo sin ser visto, aunque todos los mirados supieran que se los miraba. El Psicoanálisis fue siempre un gran fisgón, lo mismo que el yoga que permite salirse de sí y mirarse desde afuera. El director de teatro que se acomoda en la platea para ver su propia obra es un voyeur, y nosotros, los lectores mirando la vida de los otros a través de Internet, también.

Pero donde probablemente más podamos notar esto, es en la Literatura. Sobran ejemplos elocuentes:

Arlt juega con el pobre Erdosain, espiando a su mujer y a su jefe para masoquearse un poco. Saramago se divierte cínicamente con la mujer que puede ver (la única) en Ensayo sobre la ceguera. Eric Hobsbawm y John Reed recorren el mundo en épocas de crisis o guerras, para contar después qué vieron. El Jean Valjean de Víctor Hugo digita con una mirada casi omnipresente toda la relación entre Marius y Cossette. El pequeño K se encuentra ante las puertas de la ley y ni siquiera se anima a pispiar su propio destino. El Daniel1 de Michel Houellebecq, en La posibilidad de una isla, recorre orgías con un asco estoico, pero sin perder un solo detalle de cuanto acontece a su alrededor. Kundera habla de, con y a sus personajes, jugando a que está dentro y fuera del relato, muchas veces sin tener demasiado en claro qué es lo que observa, qué es lo que narra, qué es lo que vive. Lo mismo con Fernando Vallejo, con Unamuno, con Alberto Fuguet.

Ni qué hablar de Orwell, el marqués de Sade o Alfred Hitchcock.

La mirada de los otros nos rodea, nos modifica, nos condiciona a ver y vernos, a no ver y no vernos. Como dijo Antonio Porchia, en un aforismo muy conocido: "No mires que miran que nos miramos. Miremos la forma de no mirarnos cuando nos miren, que cuando no nos miren nos miraremos".

Eso, precisamente eso, podría ser el himno del voyeurismo.

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Ilustración de Hernán Zaccaría



Año IV
Número 25

NOTA de TAPA


Esther Cross.
"Fe ciega"

Lucas Misseri.
"El panóptico:
la mirada y el poder
"


Nahuel Haupt.
"El voyeurismo cultural"

Entrevista
"Festival Sexual"
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